Llegará el día de las elecciones pronto y parece que se trata de un punto cero, el minuto 90, un nacimiento, la muerte. La tensión que provoca el próximo 3 de noviembre no es comparable con el ambiente de los días previos en las pasadas elecciones. Los aires de cambio que se respiran son muy distintos. La llegada del Movimiento Victoria Ciudadana y de un Partido Independentista Puertorriqueño rejuvenecido y más fuerte que nunca provocan emociones muy distintas a las cinco elecciones que hemos vivido en el presente siglo. En los pasados días, quién menos, quién más ha asumido una postura política de cara al proceso electoral; el contexto de un bipartidismo debilitado provoca que cada puertorriqueñx se exprese en un tweet, se manifieste en un estado de Facebook, o comience una conversación de este monotema con sus familiares o amigxs.  Atrás van quedando los tiempos donde la mayoría expresaba que no interesaba por la política; aunque aún se escucha, en la practica se denota lo contrario.

Cada vez somos más quienes asumimos una postura y un rol político. Lxs puertorriqueñxs de hoy somos la generación más educada en la historia del país, pero también somos la generación con menos oportunidades. La crisis económica, combinada con las precarizadas condiciones de vida son ya insostenibles como la deuda pública. Este cambio de paradigma político y social no es culpa de Juan Dalmau o de Alexandra Lúgaro; se trata de recuperar los derechos laborales, aumentar el salario, tener un sistema de salud universal, una educación con perspectiva de género, una universidad pública en la que pueda entrar la gente empobrecida, de seguridad alimenticia, de seguridad ambiental, etc. Puede ser cualquier candidato o candidata que lo exija. No importa el nombre.

Hemos dado todo nuestro esfuerzo en estos días. Hicimos trabajo de base, nos hemos acostado en horas de la madrugada luego de discutir y analizar los debates, también hemos discutido entre negriamarillos, verdes y personas no afiliadas por tratar de encontrar la formula ganadora, pero no debemos olvidar una cosa: los cambios no se dan de la noche a la mañana. Tenemos dos buenxs candidatxs a la gobernación que probablemente no ganen. Viéndolo así solo observamos el vaso medio vacío. Toca darle la vuelta y ver la otra parte media llena.

En la legislatura entrarán compañerxs de ambos colectivos que han vivido la crisis y que llevarán una lucha política que hasta hoy se nos había privado de acceder. Después de la Huelga del 2010 y 2011, las protestas de 2014 y 2016, la Huelga de 2017, los primeros de mayo de 2017, 2018, 2019 y el Verano del 2019 estamos a un paso de entrar en el Capitolio y comenzar una batalla de tú a tú con los mismos que nos han robado y saqueado durante décadas. Está claro que la democracia no se trata solamente de votar cada 4 años, pero debemos, como mínimo, sentir orgullo de lo conseguido en este proceso electoral. El 4 de noviembre volveremos a estar en la calle luchando. El objetivo de estas elecciones es contar con verdadera representación en la rama legislativa para adelantar la visión de mundo, anticapitalista, decolonial y antipatriacal que tanto necesitamos.

El mayor de los sacrificios es la vida y en Puerto Rico la damos cada día cuando nos levantamos e intentamos sobrevivir en esta colonia. Que valga la pena ese sacrificio. Al final la vida pasa muy rápido cuando luchas. Disfrutemos de lo logrado y reflexionemos sobre los cambios por venir. El 3 de noviembre, votemos o no, el 4 volvemos a salir.

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