Por: Lianne Semidey Morales

Cuando una solicita empleo en la industria de restaurantes por primera vez lo hace con la expectativa de que se dedicará al servicio de lxs «invitadxs» y lograr que su visita a los restaurantes sea una experiencia en la que se sientan bienvenidxs y en familia.

En los manuales y entrenamientos tienen bien definidos una infinidad de conceptos y estándares sobre lo que la compañía espera de ti. En ‘job description’ se encuentra un desglose sobre las labores que debes llevar a cabo en el trabajo; entre esas se incluye el que les abras las puertas a lxs invitadxs, les sonrías, les preguntes cómo están, etc., en fin, hacerles sentir que son importantes para ti y que sientes un interés genuino en su bienestar.

Ahora, lo que las compañías no te dicen, lo que los manuales no explican y mucho menos te preparan para ello, es que en una posición de servicio, las personas y por orden social, no te reconocen como ser humano. Tu posición es vista como una figura que está ahí para obedecer y servir, nada más. Tu integridad como ser humano pasa a un segundo plano y desde esa visión se fortalecen unas dinámicas que se prestan para el abuso, el maltrato, el acoso y todo el mal que es permisible hacerles a seres que no son vistos como iguales y mucho menos sintientes. Estas dinámicas abusivas no solo se reciben del patrono, que ya de por si está en una posición de poder sobre les trabajadores, sino que también se recibe del cliente a quien humildemente le servimos.

En la industria de restaurantes y servicios, los hombres, las mujeres y las personas no-binarias son todxs víctimas de este sistema que es primo no muy lejano de la esclavitud. Sin embargo, les cuento que son las mujeres y los cuerpos feminizados quienes reciben lo peor de todo esto.

En mi experiencia como hostess o anfitriona, una de mis tareas incluía el escoltar a las personas a su mesa. En ningún momento, por motivo de mis labores en el trabajo, debe un invitado ponerme un dedo encima. Son muchas las veces en las que estos hombres sentían la necesidad, la potestad, de colocar sus manos en mi cintura en el intento de escoltarme a mí. Muchos de ellos aprovechaban la oportunidad de que ya me estaban tocando para acariciarme el muslo o las nalgas mientras «inocentemente» retiraban sus manos. Hombres que pudieran ser mis abuelos se toman este atrevimiento porque existe una noción muy viva de que para eso estoy.

Sí, para eso estoy.

¿No es eso lo que se escucha cada vez que alguien es desconsiderado con les empleadxs de servicio y/o mantenimiento? ¿No es eso lo que se escucha cuando ensucias a propósito, cuando les gritas y les insultas o cuando no recibes de elles simpatía?

Mientras las compañías silenciosamente esperan de ti que les sonrías y no le des importancia a estas invasiones sobre nuestros cuerpos, por muy violentas que parezcan. De hecho, el tener a lxs empleadxs ganando tan poco (dos dólares y trece centavos) y compensando un salario a costa de propinas, propicia el silencio y la complicidad.

Muchas de mis compañeras en la industria pueden atestiguar el poder de una sonrisa o una guiñá sobre el si te dejan o no la propina, aunque tu servicio por si mismo haya sido espectacular. El tener que aguantar en silencio la cantidad de piropos y comentarios de índole sexual es pan de cada día. Estas no son condiciones dignas para ninguna trabajadora que no haya consentido el que su cuerpo sea parte del servicio.

Otra de las cosas que vuelven nuestra situación aún más jodida es el saber que si le expreso mi incomodidad al cliente me quedo sin compensar lo que no me da el patrono y si se lo digo al patrono me puedo quedar sin empleo. Esa posición de tener que elegir el mal menor o quedarse callada es una que me parece sumamente injusta. ¡Más que injusta, indignante!

La objetivación de las anfitrionas, meseras y bartenders en esta industria es una que se está activamente ignorando y, lo crean o no, es porque de hecho va con la idea de lo que es un «Buen Servicio®.»

Es todo parte de la experiencia y del branding. ¡Piensen hasta en los anuncios de estos restaurantes! La mitad de ellos muestran a una chica bella abriéndote la puerta mientras te sonríe amablemente. Desde antes del que el consumidor entre al restaurante; ya le están formando una idea de lo que puede esperar. Desde que entran ya te lanzan con el primer chiste misógino que les pase por la cabeza.

De mi libro de los malos-ratos, ahora con la pandemia se sorprenderían con la cantidad de hombres preguntándome que si «¿estoy caliente?» mientras les tomo la temperatura.

Para que entiendan cuan instalada está la noción esta del «Buen Servicio®», las expectativas de sumisión y servidumbre comienzan desde el momento en que vas a llevar el resumé. Este requisito del que tú seas vista como deseable viene desde ese preciso momento. Los jefes y hasta tus futurxs compañerxs TE JUZGAN. Los mismos gerenciales se ocupan de echar tu CV a la basura si piensan que no eres atractiva o si no tienes un rostro amable y dócil para el gusto de lxs invitadxs. Luego tienen la audacia de cantarse lxs más anti-acoso y defensorxs del ambiente laboral equitativo, con cartas circulares y todo el circo.

En conclusión, compañeras: cuando tomas el examen del menú, ese que tienes que aprenderte antes de poder comenzar a trabajar, se les pasa decirte que el plato de la casa eres tú. No lo permitas, ¡denuncia!

Lianne es egresada de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras. Cuenta con un bachillerato en Lenguas Modernas. Durante sus años universitarios trabajó en ventas y en la industria de restaurantes como anfitriona. Ahora se dedica a la enseñanza de idiomas y al formar un mejor país desde la educación.

 

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