Por: José G. Santiago Vélez

El proceso de formación de la identidad nacional es uno complejo. Incluye, tanto elementos objetivos como lo pueden ser la geografía o los hechos del pasado, como elementos más cercanos a la subjetividad, como lo son los sentimientos de apego a una comunidad. La historia, como disciplina, nos puede brindar herramientas dirigidas a la comprensión de los primeros (hechos del pasado) y el desarrollo de los segundos (sentimientos de apego).

La historia puertorriqueña ha sido rica en hechos que afirman el desarrollo constante de una identidad nacional viva y que aspira a su independencia. Para orgullo de nuestra región suroeste, cabe destacar que gran parte de estos han ocurrido en esta zona. Pero si de orgullo e identidad sabaneña se trata, les brindaré unas pinceladas de un evento que marcó nuestra historia a finales del siglo xix. El área oeste fue fundamental en los planes insurreccionales de finales de siglo y Sabana Grande no está exento de la relevancia que tuvo y, más aún, cuando desde uno de sus barrios -La Torre- y uno de sus hijos fueron clave en el desarrollo de lo que pasó a conocerse como la Intentona en Yauco del 24 de marzo de 1897.

Para entender este movimiento de finales del siglo xix debemos tener presente tres factores: primero, el papel que tuvo el exilio en la lucha antiimperialista (especialmente en Nueva York y Cuba), segundo, el papel de los reformistas en la isla y tercero, el papel de las sociedades secretas como elemento unificador del separatismo (independentista y anexionista).

Comprender el papel que tuvieron los exiliados en este movimiento es esencial. Después de la proclamación de nuestra Primera República en Lares (1868), el exilio forzado y voluntario fue pieza fundamental para la coordinación de los esfuerzos insurreccionales. Además, nos brinda la posibilidad entender como luchas hermanadas de los pueblos puertorriqueño y cubano contra las atrocidades del imperio español; especialmente en la década de 1880, cuando la crueldad de “los componte” y la constante negación de los derechos políticos, sociales y económicos se hizo más patente.

La constante comunicación entre sectores de la isla con el exilio es fundamental para entender cómo, por ejemplo, pudo haber llegado la insignia mono-estrellada, aprobada en Nueva York en 1895 por la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano, de manos del terrateniente yaucano Antonio Mattei Lluveras y el sabaneño Fidel Vélez Vélez. Este a su vez, requirió a su compañera Natalia Vega Bonilla que la tejiera para que sirviera de pendón de los que habrían de participar en la insurrección que se planificaba desde el barrio La Torre. Pudo haber sido de las primeras ocasiones en que esa insignia fuera bordada y desplegada en nuestro territorio nacional como símbolo de la libertad anhelada.

Debemos comprender que el movimiento reformista en ambas islas (Cuba y Puerto Rico) había fracasado en conseguir que España otorgara las condiciones propicias para un desarrollo social y político pleno. Además de ensañarse con los autonomistas a través de la tortura, España no permitió ningún desarrollo insular de agrupaciones que abiertamente defendieran la aspiración a establecer nuestra república o que abogara por la separación y eventual anexión a los Estados Unidos. Por esta razón, es que vamos a ver el desarrollo del tercer elemento del que hice mención en el inicio: el desarrollo de las sociedades secretas trabajando en el clandestinaje en el interior de nuestra isla.

Una de las sociedades secretas fue la creada por el propio Fidel Vélez Vélez, La Torre del Viejo, encargada de expandir y fortalecer el movimiento conspirativo en el propio Sabana Grande, San Germán, Yauco, Cabo Rojo, Ponce, Peñuela, Coamo, Juana Díaz, Añasco, entre otros municipios. Comenta el insigne sabaneño Dr. Félix Tió que la Torre del Viejo estaba “compuesta por elementos responsables, jóvenes y viejos, que tenía por único objeto abatir el poder de nuestros enemigos políticos”. Añade: “La Torre del Viejo era una sociedad secreta de fines políticos, aunque apelaba a medios económicos para arrojar a los españoles y conservadores lejos de nuestra patria […]”.

La Torre del Viejo representa el origen de la insurrección que todos los sabaneños y sabaneñas recordamos todos los 24 de marzo. Fue a través de esta organización secreta que pudieron entrar a la isla los 30,000 machetes alemanes y se pudo realizar entrenamiento en la finca de Guillermo Velasco en Susua. Sabana Grande quedó al mando militar de tres comandantes: Fidel Vélez Vélez (tomaría la Guarnición de la Guardia Civil en Yauco), Guillermo Velasco (se dirigiría desde Machuchal a tomar el pueblo de Sabana Grande) y Amalis Velasco (se dirigiría por el sur de nuestro municipio a tomar el barrio de Guánica, en ese entonces parte del municipio de Yauco).

Esa madrugada del 24 de marzo, los insurrectos reunidos en los terrenos de Fidel Vélez Vélez llegaron armados con machetes y algunos con escopetas. Don Fidel se dirigió a ellos, mostrando su reloj de oro: “este es el símbolo de nuestro pellejo… la rifa de este reloj se tira esta noche en Yauco”. Fueron muchos los factores que llevaron a la alerta de las autoridades coloniales, pero el más doloroso para Fidel Vélez Vélez fue la delación de un miembro, en quien él había depositado su confianza. Don Fidel ordena la retirada y con la ayuda de campesinxs de la zona montañosa logra escapar a la isla de Santo Tomás. Otrxs fueron arrestadxs, torturados y asesinados; entre ellos dos de sus hermanos: Ulpiano y Ramón Vélez Vélez.

El objetivo no se logró en ese momento, pero las semillas, como dijera Betances, ya estaban sembradas y hoy otros hijos e hijas de este pueblo se prestan a cosechar el legado. Don Fidel en 1936 dijo: “todo sigue igual, la desventura es la misma”. Unámonos a los esfuerzos y colaboremos para que esa desventura colonial sea bienandanza en la patria que queremos.

José G. Santiago Vélez es historiador y maestro de la escuela superior pública Luis Negrón Lopez de Sabana Grande. Actualmente labora como legislador municipal en la Alcaldía en el pueblo de Sábana Grande por el Partido Independentista Puertorriqueño.

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